ESPECIAL: ¿Son responsables los gobiernos subnacionales de mejorar la educación?

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ESPECIAL: ¿Son responsables los gobiernos subnacionales de mejorar la educación?

Continuando con nuestra serie de entrevistas sobre las propuestas que ha hecho la Universidad del Pacífico como parte de su Agenda Regional 2026, hoy tuvimos la oportunidad de conversar en el podcast de Comité con Juan Francisco Castro, decano de su Facultad de Economía, sobre las propuestas en materia educativa que ha planteado en un paper escrito junto con María Pía Basurto y Manuel Barrón. Les dejó aquí la transcripción de la entrevista, que ha sido editada para mayor claridad.

Juan Francisco Castro. Foto: Universidad del Pacífico.

Mucha gente tiene la impresión de que la educación es un tema que está alojado en el MINEDU, pero hay responsabilidades distribuidas en los distintos niveles de gobierno. ¿Por qué es importante hablar de educación cuando nos referimos a los gobiernos regionales y locales?

La educación es súper relevante en una agenda de desarrollo regional, porque buena parte de las responsabilidades en el tema educativo está bajo el control de los gobiernos regionales y locales. Poco más del 60% del presupuesto de educación está bajo la gestión de estos gobiernos. Entonces, no todo lo que pasa en educación lo determina el Ministerio de Educación en San Borja. Cuando uno piensa en resultados educativos, en el pago de los profesores, en los incentivos y en las capacitaciones que reciben, es importante mirar qué están haciendo los gobiernos regionales y locales.

Esa es una de las motivaciones por las cuales la educación está en nuestra Agenda Regional 2026. La segunda es porque en el tema de educación hay, como sabemos, muchos diagnósticos, pero vemos resultados extremadamente pobres. El año pasado fue el primer año que se hizo una evaluación a nivel de quinto de secundaria para saber cómo están los chicos y chicas cuando terminan el colegio. Y los resultados son terribles. Hay uno que yo destaco usualmente, que es el porcentaje de estudiantes que tienen un nivel adecuado de comprensión lectora. Cuando le pregunto a mis colegas cuánto creen que es, saben que es malo y me dicen 20% o 30%. A nadie se le ocurre que puede ser 11%. Es decir, solo 11 de cada 100 chicos entiende lo que lee cuando acaba el colegio en el Perú.

Eso se conecta también con los pobrísimos resultados que vimos en la reciente prueba PISA. Pero, lo que está detrás de esos datos es un país con muchísima heterogeneidad, donde se piensa quizá que lo más eficiente es darle a todos lo mismo cuando las realidades son muy distintas. ¿Cómo se debe manejar esto?

En efecto, el Perú es muy heterogéneo y las realidades, muy distintas. Puede que en el tema educativo no haya mucho misterio sobre qué hacer. Lo complicado es averiguar o diseñar el cómo. Para que haya mejores aprendizajes uno necesita mejores profesores. Pero, ¿cómo lograr que haya mejores profesores?

Por mucho tiempo se ha hablado de la capacitación docente y ha habido a lo largo de la historia muchos fracasos. Todos están asociados a una idea central, que era tratar de que todos aprendieran algo desde la teoría. Los profesores tienen que conocer tales contenidos y preparar su programa en función a ello. Entonces, le damos a los profesores esos conocimientos esperando que ellos, a su vez, los transmitan a sus estudiantes. Esta es una forma muy tradicional de abordar la enseñanza. Pero, dada esa heterogeneidad, debemos poder ofrecer a los profesores herramientas que sean útiles de acuerdo con las realidades que enfrentan.

¿Qué implica eso en la práctica?

En este trabajo, que hicimos junto con Pía Basurto y Manuel Barrón, encontramos, por ejemplo, que el programa de acompañamiento multigrado fue muy efectivo mientras se llevó a cabo. Lo que hacía este programa era basarse en el principio del coaching, es decir, en lugar de ofrecerles un contenido teórico a los profesores -el mismo para todos-, les enviaba profesor más experimentado para que les acompañe en el aula, y este luego diseñaba con el profesor un plan de mejora. Esas visitas ocurrían una vez al mes por un periodo de dos años. El acompañante no era un experto en pedagogía sino, como decíamos, un profesor con mayor experiencia. Entonces, había mucha más apertura porque se trataba de un colega. No se veía como alguien que venía a evaluarles, sino a ayudar.

Esta es una manera inteligente y práctica de abordar la heterogeneidad sin necesidad de mandar hacer más diagnósticos. Nuestro trabajo identificó que esta intervención fue muy efectiva en dos aspectos: mejoró la práctica pedagógica, y mejoró los aprendizajes de los estudiantes que habían estado a cargo de profesores que participaron en el programa.

A veces esta discusión parece tornarse muy simplista, con personas diciendo que hay que cambiar a todos los profesores y otros señalando que todo se soluciona con incentivos económicos…

Quisiera decir algunas cosas sobre esta mirada de que no hay mejores aprendizajes porque los profesores son malos, y que si los profesores son malos entonces hay que contratar nuevos o pagarles más. Mejorar las condiciones educativas a través de los profesores es siempre una buena idea. Sin embargo, en este estudio también constatamos que hay varias intervenciones que están basadas solo en dar incentivos y que no funcionan.

Esto, en parte, porque los incentivos son muy pequeños, pero también porque los profesores no tienen necesariamente las herramientas para mejorar los aprendizajes. Muchos no saben qué hacer. Entonces, si tú les das incentivos, si le mejoras el salario en función de que los estudiantes aprendan más, van a tener el incentivo pero no se va a ver una mejora en aprendizajes. No es sólo un tema de incentivos. Yo soy economista y me encantan los incentivos, pero no son la respuesta a todo.

El estudio menciona la necesidad de trabajar también en infraestructura educativa, y la preocupación que uno tiene es que el Fenómeno El Niño de este año nos va a dejar peor de lo que ya estamos. ¿Qué deberíamos estar pensando en hacer dada la coyuntura?

Sí, nos va a golpear El Niño, y sí, va ser una buena oportunidad para pasar revista de cómo están las escuelas en términos de infraestructura y poder separar presupuesto para hacer las mejoras necesarias. Los gobiernos regionales y locales tienen esta oportunidad porque va a haber más partidas presupuestales para hacer mejoras en infraestructura. Pero, para eso se necesita hacer un diagnóstico de cómo están las escuelas a nivel local. Esto le toca a los gobiernos locales: saber específicamente qué necesita cada escuela y cuánto cuesta. Y con esa información hacer el pedido de presupuesto.

Pero hay un elemento adicional. Con la intervención del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y de la Contraloría se tiene que encontrar la manera de que los procesos de contratación sean más eficientes o por lo menos eficaces. A mí, como ciudadano que paga sus impuestos, no me importa que el contratista que mejora la escuela sea el más barato de todos. Me interesa que sea eficaz en hacerlo, atendiendo precisamente a los ítems de construcción que son los más urgentes: agua segura, saneamiento, infraestructura básica para que funcione el servicio educativo y que la escuela sea un espacio seguro.

Como dice la abuela, lo barato sale caro, ¿no? Aquí es donde puede entrar el MEF y la Contraloría para ayudar a los gobiernos locales y regionales a firmar mejores contratos, que garanticen mejores resultados. De nada me sirve tener miles de candados para evitar que los fondos públicos se despilfarren si al final no tienes ni gasto ni obra ni nada.

En estos últimos años yo he sentido personalmente que la educación se ha vuelto la última rueda del coche. Por cualquier razón se cierran las escuelas. La discusión sobre el tema educativo no tiene la centralidad que debiera porque quizá no se asume como algo que dé réditos políticos en el corto plazo, habida cuenta de que los escolares no votan. ¿Cómo hacemos para generar ese sentido de urgencia?

Si no resolvemos este problema, esto va a ser -ya está siendo- muy costoso para el país. Siempre hablamos de impulsar la productividad. Si tenemos una mano de obra poco productiva es, en parte, porque tenemos una formación básica muy mala. Cuando hay niños que no entienden lo que leen, no van a poder desenvolverse a plenitud en el mundo que les rodea. Eso reduce tremendamente la productividad del país.

Si queremos hablar de crecimiento económico, de reducir la informalidad, de generar oportunidades para más peruanos, la educación es fundamental. Y sí, vale la pena que nos indignemos un poquito. Vale la pena que nos movilicemos como sociedad para exigir mejores resultados educativos. Es un servicio que ya está pagado así que tenemos todo el derecho de exigir. Y sabemos que hay experiencias positivas así que nos toca pedir que sean replicadas a escala.

Y no dejemos que se nos olvide esa cifra que mencionaste al inicio: solo 11 de cada 100 estudiantes de quinto de secundaria entienden lo que leen. Eso, como bien dices, Juan Francisco, debería interpelarnos a diario, debería indignarnos y, lo más importante, debería llevarnos a la acción.

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