Renuncian los voceros de Ahora Nación en Diputados a sus cargos
César Holguín e Indira Huilca, quienes venían ejercieron como vocero titular y alterno, respectivamente, de la bancada de Ahora Nación en la Cámara de Diputados, han renunciado a sus cargos por diferencias a la interna del partido. Sobre esto y más hablamos hoy en el Newsletter de Comité. ¡Empecemos!
Estamos viernes 30 de octubre y estos son los titulares que desarrollo en el podcast de la mañana:
- César Holguín e Indira Huilca renunciaron a la vocería titular y alterna de la bancada de Ahora Nación en la Cámara de Diputados por discrepancias con la línea mayoritaria del grupo parlamentario.
- El Pleno del Congreso aprobó la noche del miércoles con algunos ajustes el dictamen que autoriza un crédito suplementario por S/8,228 millones que se agregará al presupuesto público de este año.
- El diario estadounidense The New York Times reportó que el presidente Donald Trump y sus asesores ayudaron al senador brasileño Flávio Bolsonaro a huir a Estados Unidos este miércoles, luego de que una orden judicial le prohibiera salir del país.
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LA NOTICIA DESTACADA
Renuncian César Holguín e Indira Huilca a las vocerías de Ahora Nación en la Cámara de Diputados
Hace poco estuvimos hablando sobre las diferencias a la interna de la bancada de Buen Gobierno en el Senado, que se dividió en el voto del pedido de facultades del Gobierno y por lo menos uno de sus integrantes, Jorge Gavidia, ya confirmó su renuncia a dicho partido, según dijo, porque se ha hecho evidente que no está alineado con las posición de su bancada.
Pues bien, ahora se está pasando algo similar en la bancada de Ahora Nación pero en la Cámara de Diputados. César Holguín, quien era su vocero titular, ha renunciado a tal encargo, señalando que discrepa de la posición de sus correligionarios en dos temas: que no hayan mantenido su rechazo al otorgamiento de facultades al Gobierno y que no hayan respaldado la censura del ministro del Interior César Astudillo.
Según dice, en estos temas el partido se ha apartado de lo que él considera que es “el sentir del Cusco”, la región a la que representa. Holguín no ha renunciado a la bancada o al partido, pero dice que su decisión de no seguir como vocero de Ahora Nación en la Cámara de Diputados es “irrevocable”.
Tras conocerse esto, la vocera alterna de la bancada, Indira Huilca, también ha renunciado a tal encargo. Esto, después de reunirse ella con el líder del partido y actual senador Alfonso López Chau. Se entendería que Huilca tiene una posición similar a la de Holguín, vale decir, que Ahora Nación no está ejerciendo una oposición al Gobierno tan firme como ellos quisieran.
Quien asumiría como vocero en reemplazo de Holguín, habiéndose sacado del bolo también Huilca, es Ángel Meneses, según especula La República, que es una persona más cercana a López Chau. El citado diario también señala que la salida de Huilca se da porque otros integrantes de la bancada estaban insatisfechos con que asumiera posiciones que no eran consensuadas o aprobadas siquiera por mayoría en el grupo parlamentario.
¿Qué es lo que está pasando? Les doy mi interpretación. Lo que ocurre es que estos partidos son muy jóvenes e incorporaron en su momento candidatos a diputados o senadores sin haber tenido un esfuerzo interno suficiente de asegurar un alineamiento ideológico o en cuestiones políticas más prácticas.
Si bien se esperaba que fungiera como fiel de la balanza en el nuevo Congreso bicameral, la bancada Buen Gobierno se plegó rápidamente a la oposición en su intento de recortar lo que debía aprobarse en materia del pedido de facultades delegadas del Gobierno. Y no cayeron en cuenta que en sus propias filas había quienes consideraban que se estaba asumiendo una posición obstruccionista. Entonces, la salida del senador Jorge Gavidia sincera un poco las cosas.
Y algo similar pasa con Ahora Nación. Algunos integrantes de su bancada en la Cámara de Diputados, como César Holguín e Indira Huilca, parecen estar más cercanos en sus posiciones a las de Juntos por el Perú, que ejerce una oposición más cerrada al Gobierno. De ahí que el vocero de Juntos por el Perú en Diputados, Ernesto Zunini, haya salido a respaldar públicamente la decisión de Holguín.
Pero, el punto de gravedad en Ahora Nación y, al parecer, la preferencia del propio López Chau, no está tan cerca de las posiciones de Holguín y Huilca, y esto también se está sincerando.
Esto, aunque tardíamente, es una especie de victoria para el Gobierno, porque muestra que del pleito por el tema de las facultades delegadas, la posición intensamente en contra de algunas bancadas las dividió más a estas de lo que debilitó al oficialismo.
Gavidia es un voto en el Senado que ahora le resultará más fácil al oficialismo jalar para su lado, mientras que Ahora Nación en Diputados probablemente reduzca en alguna medida la intensidad de sus críticas hacia el Gobierno con su cambio de voceros.
Y luego está la bancada de Obras, que decidió plegarse más asertivamente en favor del oficialismo en el tema de las facultades y no parece haber sufrido un alto costo político por ello, sino que se han puesto en una situación en la que el Gobierno les debe un favor.
Entonces, se van reacomodando las cosas en el Congreso, en cada una de las cámaras, y probablemente sigan habiendo cambios.

REFLEXIÓN DEL DÍA
¿Cómo elegir a los magistrados del Tribunal Constitucional?
El Senado acaba de aprobar, con 40 votos a favor, un reglamento que establece cómo deben ser elegidos los integrantes del Tribunal Constitucional, que es una facultad tiene justamente la cámara alta en nuestro nuevo modelo bicameral.
Los senadores han estado discutiendo sobre cómo se ponderan los puntajes, si se le asigna más peso a la entrevista o a los antecedentes, cuál es el mínimo que descalifica a un postulante y quiénes pueden recomendar candidatos. Todo eso está bien pero hay otros aspectos que para mí sería bien importante considerar.
Algunos personas señalan que la elección de los magistrados del TC debería hacerse con criterios puramente meritocráticos y no de índole política. Eso, para mí, no tiene mucho sentido. Si pones la facultad de elegirlos un órgano político, como es el Congreso o más específicamente el Senado, evidentemente la decisión va a estar influida por consideraciones políticas.
Incluso si se dijera expresamente que este no debe ser el caso, es imposible pedirle a un grupo de políticos que elimine toda consideración política en su decisiones. Y si fuera a encargarse esas designaciones a un órgano técnico, la elección de sus propios integrantes estaría tamizada por criterios políticos. Querámoslo o no, lo político van a entrar a tallar en alguna medida.
Yo no coincido, por tanto, en que deba sacarse esta decisión del Senado. La Constitución, al fin y al cabo, es una norma legal y política a la vez, así que no me parece mal que entren a tallar consideraciones políticas al elegir a los miembros del TC.
¿Dónde creo yo que está el problema? Para mí, se trata de encontrar un equilibrio entre tomar decisiones que, como les digo, van a estar políticamente influidas, pero hacerlo de tal manera que no suponga cambios radicales y súbitos, sino que haya cierta cadencia en la sucesión en el TC de manera que se preserve un mínimo de estabilidad.
Esta última pretensión se desbarata por completo cuando el Congreso tiene que elegir, de golpe, a un número grande de miembros del TC, digamos, a cinco o seis de sus integrantes.
Cuando eso pasa, si hay un partido que tiene un dominio claro del Senado, puede en la práctica constituir un TC a su imagen y semejanza, haciendo que este pierda balance ideológico. Y si son varios partidos los que operan como una coalición que controla el Senado, lo que va a ocurrir es que se van a repartir las posiciones que deben ser llenadas para que cada quien elija a algún candidato de su preferencia. Esto ya la conocemos y fue bautizado en su momento como “la repartija”.
¿Cómo se soluciona esto? Desde mi óptica, la elección de los magistrados del TC debería ser escalonada. Por ejemplo, estos podrían tener siete años de mandato pero no ser elegidos al mismo tiempo sino uno por año, de manera que cada año solo hubiera que cambiar a un magistrado del TC.
Eso haría que la renovación de dicho organismo sea mucho más ordenada y que, si bien puede haber criterios políticos para elegir a sus miembros, no se genere un escenario -como nos ha ocurrido en el pasado- en el que se cambie instantáneamente y casi por completo el perfil ideológico del TC.
Mejor aún si una sistema de elección de este tipo, escalonado, coexiste con una regla de renovación por tercios o por mitades del propio Senado, que es otra cosa que algunos han venido planteando y que me resulta interesante.
Recapitulando entonces: el argumento aquí no es sacar a la política de estas decisiones. Hay que asumir que va a estar y, más bien, acompañarla, por un lado, de requerimientos meritocráticos exigentes, y, por otro, distribuir en el tiempo esas decisiones para evitar que el perfil ideológico de los integrantes del TC pueda cambiar ostensiblemente de un momento a otro, para cualquier lado. Que haya, más bien, gradualidad en esos cambios asegurando que no se reemplace más que un miembro del TC por año y que de esa manera garanticemos cierta estabilidad en cómo se interpreta la Constitución en nuestro país.
