Lula da Silva da la sorpresa y gana su cuarto periodo presidencial
Luego de perder la primera vuelta contra Flávio Bolsonaro, Lula da Silva logró reponerse y ganar la elección con una diferencia de cuatro millones de votos a su favor. Mientras tanto, María Corina Machado retornó a Venezuela tras 10 meses en el exilio. Sobre esto y más hablamos hoy en el Newsletter de Comité. ¡Empecemos!
Estamos lunes 26 de octubre y estos son los titulares que desarrollo en el podcast de la mañana:
- Lula da Silva sorprende al ganarle la segunda vuelta presidencial en Brasil a Flavio Bolsonaro por cerca de 4 millones de votos de diferencia.
- La líder opositora y premio Nobel de la Paz María Corina Machado regresó a Venezuela este domingo después de pasar diez meses exiliada en Panamá.
- El gobierno podría postergar el incremento de la Remuneración Mínima Vital hasta los S/1.300 si es que el Fenómeno El Niño se alarga durante todo el 2027, de acuerdo con el ministro de Trabajo Juan Sheput.
- El senador Jorge Gavidia renunció a la bancada del Partido de Buen Gobierno tras votar con el oficialismo en el pedido de facultades.
- Congreso corrige vía fé de erratas aquella parte de la ley de facultades delegadas que decía “el Senado dio la ley siguiente” como si solo este la hubiese aprobado.
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LA NOTICIA DESTACADA
Lula da Silva da la sorpresa y gana su cuarto mandato presidencial
Ayer se celebró la segunda vuelta presidencial en Brasil y se confirmó, hasta cierto punto sorpresivamente, el triunfo del actual presidente Luis Inácio Lula da Silva sobre su rival Flávio Bolsonario, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, hoy en prisión por intentar cometer un golpe de estado tras perder la elección pasada.
Cuando vi los primeros titulares al respecto, noté que algunos decían que Lula había ganado “por un estrecho margen”, y lo primero que pensé es que la experiencia peruana de elecciones que se definen por unas cuantas decenas de miles de votos se había “exportado” a otro país. Pero luego recordé que Brasil es gigantesco comparado con el Perú, y que ese “estrecho margen” es, en realidad, cuatro millones de votos de diferencia, aproximadamente.
Con el conteo oficial al 99.79%, Lula obtuvo un 51.76% frente al 48.23% de Bolsonaro. Es decir, ha duplicado la ventaja que tuvo frente a Jair Bolsonaro en el 2022.
Ahora bien, la jornada no estuvo libre de cuestionamientos. Según explica Michael Reid, ex editor de The Economist para América Latina, la Corte Suprema tuvo que intervenir para aprobar tardíamente una extensión de dos horas del horario de votación. Esto porque en algunos lugares hubo escasez de transporte público y se especuló que esto podía ser políticamente inducido para afectar el voto.
Yo no tengo suficiente conocimiento de la legislación electoral brasileña como para opinar sobre esto, pero es esperable que genere controversia. Ya vi que Bolsonaro ha salido a decir que no reconoce el resultado, lo cual era hasta cierto punto esperable porque es un político que imita en muchos aspectos al presidente estadounidense Donald Trump, quien tiene también la costumbre de no reconocer elecciones que no le favorecen.
Sin embargo, como explica Brian Winter, editor en jefe de Americas Quarterly, la diferencia de votos a favor de Lula es significativa, en su opinión lo suficiente como para descartar que la extensión del horario pueda haber sido determinante.
¿Qué explica entonces que Lula haya “volteado el partido”, considerando que es el primer candidato en la historia de Brasil que queda segundo en la primera vuelta y luego gana la ronda definitiva?
Primero, que cerca de tres millones de personas que no votaron en la primera vuelta ahora sí lo hicieron. Es decir, Lula logró reducir el ausentismo. Luego, la información que han venido revelando analistas como Daniel Schteingart muestra que en más de 2,800 municipios el voto se movió hacia Lula, lo cual es un cambio notable, 9 de cada 10. También podemos agregar que cayó el voto nulo.
Algunos analistas están diciendo que haber perdido la primera vuelta fue lo mejor que le pasó a Lula porque lo obligó a cambiar de estrategia, y el apoyo que recibió del diputado André Janones para replantear su manejo de las redes sociales fue fundamental.
También está la habilidad política del propio Lula. Por ejemplo, el viernes antes de la elección hubo un debate en el que Bolsonaro se refirió a Lula de forma despectiva como “nueve dedos”. Sucede, pues, que Lula perdió un dedo de joven.
Pero él, de forma muy astuta, le contestó a Bolsonaro diciendo que perdió ese dedo porque a los 17 años tenía que trabajar de noche, cosa que no debería ocurrirle a los jóvenes, pero que en su caso no tenía otra posibilidad porque debía trabajar para comer. Y que Bolsonaro no entendía esto porque nunca había trabajado de verdad.
Quién sabe cuándo pudo mover la intención de voto este incidente, pero siendo ya un octogenario, Lula sigue mostrando una pericia política que le permite ganar elecciones, incluso poniéndole freno a la hola de triunfos electorales de candidatos de derecha en América Latina.
En el partido de los Bolsonaro, seguramente deben discutiendo a la interna respecto de si fue la mejor decisión poner a Flávio de candidato, en lugar de otras figuras como Tarcisio de Freitas, a quien las encuestadoras le daban mejores chances de enfrentar a Lula en segunda vuelta.

REFLEXIÓN DEL DÍA
La narrativa de que Pedro Castillo es un "preso político" debe ser confrontada
La semana pasada critiqué la muy desafortunada frase que profirió la senadora de Fuerza Popular Martha Moyano cuando dijo que “ser autoritario no es tan malo”. Hoy debo criticar una intervención de la diputada de Buen Gobierno, Rossana Alayza, muy desafortunada también.
Fíjense. En la Cámara se Diputados, la bancada de Juntos por el Perú viene preparando un proyecto de ley que busca otorgarle una amnistía al ex presidente Pedro Castillo, hoy recluido en el penal de Barbadillo. Es una iniciativa que está impulsando Roberto Sánchez, el ex candidato presidencial de JP que fue ministro de Castillo hasta el final.

Pues bien, cuando un periodista le pregunta a la diputada Alayza qué piensa de aquella propuesta, ella responde: “Es un preso político, creo yo que podría estar enfrentando el proceso en libertad, siendo que no tiene sentencia ni siquiera (...) es un abuso más de la prisión preventiva”.
Tal parece que nadie le ha contado a la diputada Alayza, o ella no se ha tomado la molestia de averiguar, que Pedro Castillo sí está sentenciado por el delito de conspiración para la rebelión, por el cual recibió una pena de 11 años, 5 meses y 15 días. La fiscalía, hay que recordar, pidió 34 años de cárcel para él, pero el Poder Judicial en primera instancia se circunscribió al delito de conspiración para la rebelión, descartó otros que invocaba la fiscalía y dio una sanción menor a la solicitada pero contundente, como era necesario.
¿Por qué digo que era necesario? Porque no existe duda alguna de que lo que intentó cometer Pedro Castillo fue un golpe de Estado. A la diputada Alayza podría haberle resultado persuasiva la explicación de que Castillo solo dio “una proclama”, pero lo cierto es que transmitió en vivo por televisión el 7 de diciembre del 2022 su intento de golpe de Estado, de manera que no hay nada que interpretar en ese sentido. Dijo que iba a disolver el Congreso, intervenir el Poder Judicial y tomar otras medidas prácticamente calcadas de las que tomó Alberto Fujimori en el autogolpe de 1992.
Y la razón por la cual Castillo fue puesto inmediatamente en prisión es porque intentó fugar del país apenas vio que su golpe de Estado no iba a ser efectivo. Su esposa, quien también está implicada en algunos casos judiciales, sí logró asilarse en México, aduciendo falsamente que es una perseguida política.
Castillo tiene además otro proceso por corrupción en el que tiene un mandato vigente de prisión preventiva. Yo he sido crítico de los abusos de la prisión preventiva, pero si hay alguien a quien sí se le aplica por peligro de fuga es Pedro Castillo, y además, como decíamos, la razón principal por la cual está recluido en Barbadillo es porque ya está sentenciado por el delito de conspiración para la rebelión.
Se ha dicho también, respecto de Castillo, que no se cumplieron las formalidades del proceso de vacancia presidencial cuando fue removido del cargo. Aquí creo que puede haber una discusión legal pero yo encuentro jurídicamente sólida la posición de que perdió sus prerrogativas presidenciales desde el momento que anunció el golpe de Estado, que esto implicó que perdiera ipso facto la condición de presidente en funciones.
Sobre esto se puede discutir, pero lo que no se puede sostener de modo alguno es que Pedro Castillo es un “preso político”. Es esperable que Roberto Sánchez diga tal cosa, porque lo acompañó hasta el final en su gobierno (y de hecho olvida que él mismo no votó en contra de su vacancia), pero sí llama la atención que asuman esta posición integrantes del Partido de Buen Gobierno. Aunque, debo decir, hay cierta coherencia aquí, porque el propio Jorge Nieto, en plena campaña presidencial, sugirió que se considere un indulto a Pedro Castillo como un “gesto simbólico”, lo que, en mi opinión, fue igualmente cuestionable.
Ojalá superemos pronto está inclinación a victimizar a personas que intentan cometer golpes de Estado. Sobre todo si uno considera demócrata.
